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¿Qué era el horreum publicum?

En castellano tenemos tres formas de nominarlo. Del árabe nos viene el nombre de alhóndiga, edificio destinado para vender el trigo. Más ajustado es el de pósito, la casa en que se guarda la cantidad de trigo que en algunos pueblos se tiene de repuesto o prevención. Otra nominación es la de silo, y curiosamente el diccionario lo define como: Lugar subterráneo o enjuto donde se guarda el trigo u otros granos o semillas. Cualquier lugar subterráneo, profundo y obscuro.

Los romanos llamaban horreum al granero, panera o almacén y despensa. El horrearius era el que cuidaba de un granero o panera. Y horreaticus hacía alusión a lo almacenado, puesto en almacén o granero.

Cualquiera de estas palabras se vinculaba con horroris que significaba oscuridad, tinieblas, frío.

Cuando el horreum no era de uso privado, sino propiedad de la Administración Pública, recibía el nombre de horreum publicum.

Sabemos la importancia que para Roma tenía el aprovisionamiento de grano. No se iniciaba una campaña bélica si antes no habían recibido las legiones las consiguientes reservas de trigo. Era tan vital para la economía romana el abastecimiento del trigo, como hoy puede ser en nuestra sociedad motorizada el suministro de carburantes.

Se hacía preciso guardar la cosecha con todas las garantías de seguridad. Seguridad contra posibles incendios, contra filtración de humedades, contra roedores, incluso contra gorgojos y demás bichos dañinos (advierte paladio, en Tratado de Agricultura).

Hay pocas referencias a la técnica de construcción de hórreos. Vitrubio nada dice. El más narrativo es Paladio, que cita alguna opinión de Columela. Una de las advertencias de Paladio es que está orientado igual que las bodegas del vino, es decir al norte, pero en este caso, un poco más elevado y lejos de toda humedad, estercoleros y establos; fresco, ventilado (se refiere a su exterior), y seco Hay que atender con todo cuidado a su construcción para que no se resquebraje en grietas ...

El horreum no necesitaba ventanas, ni evacuación de letrinas, ni ventilación interior. La trascendencia de la mercancía que guardaba, aconsejaba tenerlo en lugar céntrico, bien vigilado y de cómodo acceso.

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